Por Christopher Valdeir
Históricamente, desde la época de los cacicazgos la actividad agrícola era de las más importantes ya que permitió el intercambio y transacciones de bienes, satisfaciendo las necesidades de aquel momento. El maíz y el cacao eran los productos predominantes. Posteriormente, la actividad agrícola le dio la apertura comercial a Costa Rica, cuando esta era una nación joven, mediante el monocultivo del café. Fue tanto el impacto positivo, que el Estado financió al productor y se condenaba penalmente a aquellas personas que robaran las herramientas de trabajo. En las primeras décadas del siglo XX, aparece la exportación de banano (ciertamente fue controversial debido a la concentración de riqueza en pocas manos, ligada a una explotación obrera) ─ es un tema que hablaremos otro día─. En resumen, la agricultura tiene toda una historia en nuestro país.
Entonces, ¿por qué los campesinos en la actualidad presentan cada vez más dificultades y desapoyo?
Si bien, el precio de los insumos y herramientas parecen no detenerse, la misma indiferencia la presenta el Gobierno. Y cuando digo Gobierno, no solo me refiero solo al actual, sino a sus antecesores. Más allá de firmar tratados que permitieran una especialización y “competencia” vino a favorecer lo externo ante lo nacional. ¿Cómo? Algunos granos importados no pagan los aranceles, mientras que al productor nacional, tiene más “trabas” por citar algunas como:
· Intermediarios, la ganancia económica disminuye.
· Cambios generacionales: son los adultos mayores y menos jóvenes que realizan estas labores.
· Desapoyo crediticio.
· Cambios climatológicos: tales como sequias, altas temperaturas, erosiones entre otros.
· Precios altos en insumos y herramientas.
Considero que dentro de las cosas más sagradas es el alimento en la mesa y de lo más milagroso es el suelo. Todo esto ocurre gracias a los trabajadores, manos honestas que desde el amanecer hasta caer pasada la tarde, enfrentan desde un sol fuerte, la lluvia intensa y brumas congelantes.
José Chacón, agricultor de Pérez Zeledón, atiende sus cultivos en Valencia de Páramo.
Aunque existen entidades que buscan el apoyo y soluciones a los productores nacionales, tales como la Unión de Productores y Actividades Varias (UPIAV), Ministerio de Agricultura (MAG), las municipalidades, puntos de encuentro como las ferias, depende también de nosotros. Consumiendo lo local, lo nacional, porque existe mayor conocimiento y trazabilidad de lo producido y sobre todo variedad. Productores como de Pejibaye, El Águila, División, Rivas, Valencia de Páramo, Tierra Blanca, Upala, esto son, por decir varios de muchísimas zonas que siguen dándonos sustento y que mueven la actividad comercial.
La cuestión es que si los productores nacionales desaparecen, dependeremos de otros países en cuanto los granos básicos. Imaginen que dado los ahitamientos geopolíticos, las guerras y sus tensiones, una catástrofe natural o una nueva pandemia, simplemente no llegaría nada al país…
Entonces, ¿qué vamos a comer?